
Quebec, la ciudad amurallada
Recorre las calles empedradas de la única ciudad con murallas de Norteamérica, pasea por la Terrasse Dufferin frente al Château Frontenac y cruza a la Ciudad Baja en funicular.

Turismo accesible en Canadá
Déjate encantar por la armonía canadiense
Seguramente has oído sobre Canadá que sus habitantes se caracterizan por ser extremadamente amables y que cuentan con una calidad de vida inmejorable. Pasar las vacaciones en este destino de Norteamérica te pondrá en contacto con un estilo de vida apacible y ordenado, y te dará la posibilidad de explorar territorios de lo más variados.
Desde tranquilos pueblos rurales hasta ciudades repletas de opciones y movimiento, como Vancouver en la costa oeste y Toronto junto al lago Ontario, Canadá te fascinará por su orden y su encanto. Podrás probar los platos más icónicos de la provincia de Quebec, en Montreal, o conocer más sobre las culturas nativas del país en Victoria, en la isla de Vancouver.
Si lo que buscas es naturaleza, podrás subirte a una autocaravana adaptada y recorrer los parques nacionales. También puedes visitar las deslumbrantes Cataratas del Niágara, frontera natural entre Canadá y Estados Unidos.

Empieza por Quebec, la ciudad con murallas. Pasea por la Terrasse Dufferin frente al Château Frontenac y baja en funicular a Petit-Champlain. Si es invierno, ve al Carnaval de Invierno. Cerca, la cascada de Montmorency se mira desde abajo y desde arriba, y la isla de Orleans se recorre probando vinos, sidras y jarabe de arce.
Siguiendo el río San Lorenzo, viaja en tren panorámico hasta Baie-Saint-Paul, con sus galerías de arte, y sal en barco por el fiordo de Tadoussac a buscar ballenas. ¿Prefieres ciudad? En Montreal, callejea entre los puestos del mercado Jean-Talon, sube al Mont-Royal y, en verano, busca los festivales de jazz y de humor. En Toronto, sube a la Torre CN, recorre el mercado St. Lawrence y pasa una tarde en las islas.
Y el Niágara, claro: ve a las cataratas desde los miradores y acércate en barco. Vuelve de noche, con las luces. Si buscas calma, Niagara-on-the-Lake tiene su vino de hielo y una velada de teatro. En Ottawa, el canal Rideau se navega en verano y se patina en invierno.

Recorre las calles empedradas de la única ciudad con murallas de Norteamérica, pasea por la Terrasse Dufferin frente al Château Frontenac y cruza a la Ciudad Baja en funicular.

Mira la cascada de Montmorency desde abajo, sube en teleférico hasta el puente colgante sobre la caída y recorre después la isla de Orleans probando sidras y jarabe de arce.

Pasea por las calles empedradas del Viejo Montreal hasta la basílica de Notre-Dame, con sus vidrieras, y mira los restos sobre los que nació la ciudad.

Sube por el parque del Mont-Royal hasta el mirador Kondiaronk, descansa junto al lago Beaver y sigue por el Plateau y los puestos del mercado Jean-Talon.
Viaja en tren panorámico junto al San Lorenzo, entre montañas y acantilados, entra en las galerías de Baie-Saint-Paul y prueba quesos y especialidades locales.
Sal en barco por la desembocadura del San Lorenzo a buscar ballenas, pasea por Tadoussac y mira las belugas desde la orilla de la bahía de Sainte-Marguerite.
Mira las cataratas desde los miradores, acércate en barco hasta la bruma, entra en las galerías tras la cortina de agua y sube a la noria al atardecer.
Prueba el vino de hielo entre viñedos, visita Fort George, con vistas al río Niágara, y cierra el día con teatro en el Shaw Festival.
Sube a la Torre CN para ver Toronto y el lago desde lo alto, asómate al suelo de cristal y recorre el mercado St. Lawrence y el Distillery District.
Mira el arte urbano de Graffiti Alley, pasea entre los murales de Islington Village y prueba el dim sum de Chinatown o la cocina griega del barrio Danforth.
Navega por el canal Rideau en verano, patina sobre él en invierno, mira el Parlamento desde la orilla y prueba un beavertail en el mercado de ByWard.
Entra en el museo de la nación huron-wendat para conocer su historia y sus tradiciones, pasea hasta la cascada Kabir Kouba y, si coincide, vive el Pow Wow anual.
Quebec es una ciudad de murallas y calles empedradas. Pasea por la Terrasse Dufferin con el Château Frontenac detrás y el río San Lorenzo delante, baja en funicular al barrio de Petit-Champlain, entre boutiques y galerías, y entra en la Place Royale, donde Champlain fundó la primera colonia permanente.
Montreal tiene un punto bohemio y contrastes entre lo europeo y lo moderno. Callejea por el Viejo Montreal hasta la basílica de Notre-Dame, sube al Mont-Royal por las vistas, recorre el Plateau y prueba productos en el mercado Jean-Talon. Por la tarde, los museos y el Quartier des Spectacles.
Toronto tiene energía moderna y rascacielos junto al lago. Sube a la Torre CN para ver el skyline, prueba el mercado St. Lawrence, camina por las calles empedradas del Distillery District y, si te gusta el hockey, entra en el Hall of Fame, donde se exhibe la Copa Stanley.
Frente a las cataratas, la naturaleza se pone seria. Recorre los miradores, acércate en barco hasta la bruma, entra en las galerías excavadas en la roca para ver el agua caer desde detrás y, al atardecer, sube a la noria cuando las luces iluminan el agua.
Mira la cascada de Montmorency desde abajo, entre la bruma, y sube después en teleférico para verla caer desde arriba. Es más alta que el Niágara. Cruza el puente colgante sobre la caída del agua y sigue hacia la isla de Orleans, a probar quesos y jarabe de arce.
Sigue el río San Lorenzo en tren panorámico entre montañas y pueblos con encanto hasta Baie-Saint-Paul, entra en sus galerías de arte y prueba quesos y sidras en la Ruta de los Sabores. Después, en Tadoussac, sal en barco a buscar ballenas.
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Canadá se disfruta en dos versiones. De primavera a otoño, con clima templado, mandan los barcos, los mercados al aire libre y los festivales de Montreal. En invierno, con nieve y frío de verdad, llegan el Carnaval de Quebec, el canal helado de Ottawa convertido en pista de patinaje y los trineos.
Sí, aunque depende de adónde vayas y de cómo plantees el viaje. Hay autocaravanas adaptadas para recorrer los parques nacionales, y las ciudades, el tren panorámico junto al San Lorenzo y las cataratas dan para planes de ritmo tranquilo; las calles empedradas de Quebec y los senderos de los parques piden pensar más el camino. Cuéntanos cómo te mueves y ajustamos cada día.
Air Canada tiene servicio de asistencia para pasajeros en silla de ruedas, que se solicita al reservar o antes de volar. Si viajas con nosotros, pedimos la asistencia por ti. Si llevas silla eléctrica, cuéntanoslo desde el principio, porque volar con ella pide una autorización previa de la aerolínea.
Depende de lo que busques. De primavera a otoño, con clima templado, van bien los barcos, los mercados y los festivales, y en primavera los tulipanes de Ottawa. En invierno, con mucho frío y nieve, llegan el Carnaval de Invierno de Quebec, el patinaje en el canal de Ottawa y los paseos en trineo.
Un primer viaje cabe en una ruta por el este: Toronto con la Torre CN, las cataratas del Niágara, Montreal y Quebec con su casco amurallado. Si te sobran días, suma Ottawa con el canal Rideau, Charlevoix con su tren panorámico y las ballenas de Tadoussac.
En Tadoussac, donde el río San Lorenzo se junta con el fiordo del Saguenay. Se sale en barco a buscarlas, con tiempo para pasear por el pueblo, y en el parque nacional se ven belugas desde la orilla de la bahía de Sainte-Marguerite.
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